El traslado de Abu Simbel. La mayor proeza de ingeniería de la historia.

Releyendo algunas entradas publicadas anteriormente, nos hemos dado cuenta de que tenemos a las civilizaciones antiguas muy abandonadas. Con lo que nos encantan! Así que hemos decidido dedicar una entrada a un tema extremadamente interesante y muy desconocido por el público en general. De Egipto se conoce su historia, su -ahora- arte y -antes- tradición religiosa de templos, pirámides y tumbas faraónicas. Verdaderas obras de arquitectura monumental e ingeniería que giraban entorno al que fue considerado el río más largo del planeta durante siglos. El Nilo, que marcaba la vida de los egipcios desde el nacimiento de su civilización, frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos ha sido testigo del avance de una cultura que brilla por sí misma aún en la actualidad.

Imagen del conjunto con el templo de Hator en primer plano
Imagen del conjunto con el templo de Hator en primer plano

Con los avances técnicos, se consiguió en su día domar a la fiera y controlar la subida y bajada del caudal que dirigió durante siglos la vida de ésta civilización. Se construyó una primera presa con 54 metros de altura que recibió el nombre de Baja presa de Asuán. En 1946 ésta estuvo a punto de desbordarse, haciendo su función insuficiente, así que se tomó una decisión: en lugar de aumentar su altura, creyeron más conveniente construir otra presa unos 8 kilómetros río arriba. Pero, la que sería conocida como Alta presa de Asuán pondría en peligro una gran cantidad de monumentos del Antiguo Egipto que quedarían sumergidos bajo el agua si nadie ponía remedio.

Fue entonces cuando se ideó el proyecto que sería uno de los más complejos y arriesgados que se conocen hasta el día de hoy: la Unesco junto con una coalición de arqueólogos, técnicos y expertos de 22 países se pusieron manos a la obra para rescatar todos los monumentos que quedarían al sur de la presa. Muchos de estos templos, fueron desmontados, literalmente, pieza por pieza y trasladados a otras islas como fueron los de Kalabsha, Kertassi, Bet el-Vali y Philae. Otros templos fueron donados a Nueva York y Madrid como agradecimiento del gobierno egípcio por su colaboración en el proyecto; éste es el caso de los templos de Dendur y Debod, respectivamente. Por desgracia, muchos otros no pudieron salvarse y permanecen ocultos bajo las aguas a la espera de que la tecnología avance lo suficiente para rescatarlos y que sea económicamente asequible.

Imagen del descubrimiento
Imagen del descubrimiento

De todos los rescates, el de los templos de Abu Simbel fue el más espectacular por su complejidad y coste. El templo principal, erigido por Ramses II, fue redescubierto por el explorador suizo Johann Ludwig Burckhardt en 1813, tras más de 2000 años sepultado bajo la arena del Sahara. El conjunto se compone de dos templos: el mayor, es el más conocido y monumental, tiene guardando su fachada, cuatro estatuas colosales representando a Ramses II y está dedicado a Ra, Ptah y Amón. Junto a éste, otro más pequeño dedicado a la diosa Hator personificada por Nefertari que fue la esposa favorita del faraón.

Una de las cabezas de Ramses II elevada para su traslado
Una de las cabezas de Ramses II elevada para su traslado

El templo se elevó 64 metros y se desplazó 180 metros más al oeste de su ubicación original. Pensad que era un templo excavado en una pequeña montaña y eso supuso cortar pieza a pieza la roca y llevarla a su nuevo emplazamiento. Para la ocasión se construyó otra montaña artificial, que guarda en su interior una cúpula monumental de hierro para sostener el peso de la roca y que tuve la tremenda suerte de poder ver en mi viaje a Egipto años atrás, gracias a que el autobús que tenía que llevarnos desde el aeropuerto se fue sin nosotros y llegamos allí a pie. Lo primero que vimos fue la parte trasera de esta increíble proeza de la ingeniería que se esconde tras una pequeña salida de emergencia.

El rostro de Ramses II llegando a su destino
El rostro de Ramses II llegando a su destino

La única cosa que se les puede reprochar a los que planearon el proyecto -y que allí donde se habla del tema, se hace con resignación- es que en su ubicación original, dos veces al año, el sol entraba hasta el interior del santuario y, con una precisión matemática, iluminaba los rostros de las estatuas de Amon, Ra y Ramsés dejando en penumbra a Ptah que era considerado el dios de la oscuridad. Éste fenómeno se producía el 20 de febrero -fecha del nacimiento de Ramses II- y el 20 de octubre -fecha de su coronación-. Lo curioso es que, siglos después, con todos los avances técnicos y todos los conocimientos matemáticos, no se hayan podido acertar esas fechas, con la exactitud de hace 30 siglos, y el fenómeno se produzca desde entonces con dos días de retraso.

Imagen del interior
Imagen del interior
Esquema de la estructura
Esquema de la estructura

Para terminar os daremos un par de datos sobre la gran proeza: se desarrolló entre los años 1964 y 1968, tuvo un coste de unos 36 millones de dólares, y supuso el desplazamiento de unas 15.000 toneladas de roca, troceadas en 1.305 bloques, algunos de más de 30 toneladas.

Os dejamos con un vídeo donde podréis ver imágenes originales del proceso. Está en inglés pero creo que las imágenes hablan por sí solas. Además, si os interesa, encontraréis en éste enlace un documental completo -también en inglés- sobre el traslado. Son 5 vídeos, no dura mucho y realmente merece la pena.

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