La restauración de la Catedral de Tarazona

La entrada de hoy es muy especial para mí. Primero porque habla de una de las restauraciones más largas que conozco y segundo porque trata de un lugar, que aunque lo he visto cientos de veces, nunca he podido entrar en él: La Catedral de Santa María de la Huerta en Tarazona. ¿El motivo? llevaba más de 30 años cerrado por peligro de derrumbamiento y este año -después de 22- se ha terminado su restauración.

Su historia

Esta pequeña ciudad a la vera del Moncayo y muy cerca del Monasterio cisterciense de Veruela -donde Bécquer escribió sus “Cartas desde mi celda”- tiene uno de los edificios más impresionantes que he visto. Empezó a construirse a mediados del S.XII, con estilo gótico, y se consagró el año 1232. Después de ser parcialmente destruída durante la llamada Guerra de los dos Pedros, en el S. XIV, se inició la reconstrucción de las naves en estilo gótico y mudéjar, incluyendo las capillas laterales, los lienzos exteriores, el cimborrio -gótico-mudéjar- y la torre, sin olvidar el tramo central del crucero que pertenece ya a la arquitectura renacentista.

Fue emplazada fuera de los muros de la ciudad medieval, dato que resulta curioso por su infrecuencia. Quizás fue así, debido al aprovechamiento de la localización de una antigua iglesia mozárabe, al otro lado del río. Alfonso I el Batallador, quien conquistó la ciudad, la denominó Iglesia de Nuestra Señora de la Hidria, aunque el pueblo le cambió el nombre a Nuestra Señora de la Huerta o de la Vega por su proximidad.

Tarazona se encontró en primera línea de la guerra provocada por Pedro I el Cruel y la Catedral fue tomada al asalto por su ubicación extramuros, destruyendo por completo el claustro y provocando graves daños en el conjunto del edificio que obligarían, tiempo después a cerrarla por peligro de derrumbamiento.

La Restauración

Como suele pasar en edificios de esta complejidad, a lo largo del tiempo se suceden reparaciones, ampliaciones y modificaciones por necesidades funcionales o cambios culturales, que buscan una nueva expresión y, muchas veces, dañan la estructura inintencionadamente.

Se comenzó el proceso con la documentación e inventariado del estado de las fábricas y bienes que se conservaban, tratándolos y protegiéndolos dentro de las capillas para que no fueran dañados durante las obras de restauración. Aquí se incluyen retablos, lienzos, esculturas y, sobretodo, el archivo y la biblioteca.

Los estudios estructurales previos a la intervención, permitieron descubrir el verdadero estado de la Seo: patologías por colapsos en la estructura, cambios ambientales y el envejecimiento de la materia constructiva que derivaron, con el paso del tiempo, en una enfermedad crónica del edificio. Este proceso previo fue fundamental para el descubrimiento de importantes decoraciones como el conjunto pictórico renacentista de la cabecera del templo y del tambor del cimborrio, las pinturas góticas en diferentes puntos de la girola y del altar mayor, pero sobretodo, el revestimiento de pintura inicial: líneas rojas sobre fondo blanco que simulaban un falso despiece de sillares.

Pero el mayor problema se encontró en el subsuelo, donde la humedad había debilitado los cimientos hasta el punto de convertir la Catedral, como se dice, en un “gigante con pies de barro”. Ésta, además, trepaba por los muros, dejando a su paso un gran problema con las sales que, al cristalizar en los poros de la piedra, abren la estructura y la debilitan. En estas prospecciones se descubrieron además una necrópolis tardo-romana, un edificio público de época bajo-imperial con mosaicos polícromos y los precedentes cristianos de la propia catedral. No sólo se han respetado, sino que se acondicionarán para que todo el mundo pueda disfrutarlos. Sin duda estos hallazgos enriquecen tanto la historia de la propia Catedral como la de Tarazona y, por ese motivo, no pueden perderse.

Obviamente, un edificio con tantos siglos a sus espaldas, también ha “sufrido” restauraciones anteriores a la actual que, de buena fe, intentaban poner remedio a las patologías que sufría. Como sucede la mayoría de veces, los criterios no eran los adecuados y la Seo sufrió, con ellas, graves mutilaciones a las que se les ha puesto solución con la restauración última. Así que, además de consolidar, reparar, restaurar y reintegrar lo conservado, también se ha tenido que “desrestaurar”. Esta tarea pudo llevarse a cabo gracias a las fotografías conservadas de principios del S.XX que permitieron saber cómo era con anterioridad. De este modo, se recuperó la sillería del coro -trasladada al claustro-, el trascoro del que sólo se conservan las partes polícromas y que fue desmontado en su momento, la decoración y los ventanales platerescos -desmontados en 1960- y las vidrieras de alabastro policromado del S.XVI.

Así es como luce hoy

Actualmente, aunque queda alguna intervención pendiente, ya puede visitarse casi en su totalidad. Por eso os animamos desde aquí a que planeéis una escapada porque realmente merece muchísimo la pena verla. De todos modos, queremos dejaros una pequeña muestra de lo que os encontraréis con estas imágenes. Disfrutadlas!

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