El arte de la locura

La esquizofrenia en el griego clásico significa “mente rota” (σχίζειν schizein – φρήν phrēn). Los enfermos se caracterizan por sufrir alteraciones en la percepción o expresión de la realidad con problemas en las funciones ejecutivas y clarísimas disfunciones sociales. Con Freud, se dio un paso enorme en la comprensión de estos trastornos que muchos temían más por no conocer su origen que por la enfermedad en sí. Nació el subconsciente, ese elemento de nuestra mente que no controlamos y que, podríamos decir, es quizás nuestra parte más pura. A partir de ese momento, muchos fueron los artistas que provocaron encontrarse con él en busca de imágenes oníricas más allá de la realidad. El expresionismo o el surrealismo invitaron a muchos artistas, anhelantes de nuevas formas de expresión, a buscar esa alienación mental en drogas alucinógenas o en brebajes como la absenta (que con posterioridad fue prohibida, hasta día de hoy, en muchos países).

Muchos de ellos llegaron a visitar hospitales psiquiátricos para empaparse de ese tremendo estado mental tan productivo. La locura fue envidiada por las vanguardias artísticas. El dibujo se usaba terapéuticamente en esos centros y actuaba de “calmante” en los enfermos. Algo curioso es que en los momentos que no presentaban síntomas eran capaces de pintar, en la más absoluta normalidad, temas con sentido y estructura. Según la gravedad de esos síntomas sus dibujos variaban desde una leve distorsión de la realidad (hombres con cabezas poco comunes, por ejemplo) hasta una obsesión desbordante por los patrones geométricos complejos que parecía apaciguar esa bestia interna. Y sin saberlo ni quererlo esos enfermos que otrora creían poseídos por Satán, fueron la semilla que, en cierto modo, hizo germinar el arte contemporáneo. Vivían al margen de las corrientes artísticas, de lo que dictaban las modas y, aún así, fascinaron y fascinan porque miran en abismos que los demás ignoramos por completo. El Art Brut agrupó a estos enfermos que realizaban las obras durante su ingreso en los centros psiquiátricos con esa “manía” que tiene el arte de clasificarlo todo.

Con todo esto, mientras escribo, no dejo de preguntarme aquello tan tópico de “¿el huevo o la gallina?”. ¿El enfermo o el artista?. La gran mayoría de ellos empezaron a pintar tras su ingreso en hospitales para enfermos mentales. Algunos, como Louis Wain, ya habían demostrado su habilidad artística antes siquiera de ser diagnosticados (sin ignorar una ya temprana tendencia obsesiva en el tema de sus obras). Éste en particular pintaba gatos fruto de su desmesurado amor por estos animales. Al principio, sin presentar ningún síntoma, sus obras eran por decirlo que alguna forma, normales.

El fondo era liso y, en primer plano, el busto de un gato como si se tratara de un simple retrato o un par de ellos en el campo guardando la pose de quien sabe que está siendo retratado. Sin que sorprendiera lo más mínimo ni dejara de agradar al público victoriano y a la prensa (fue ilustrador y sus dibujos se publicaban el periódicos y revistas) esos mismos gatos se humanizaron en simpáticas escenas cotidianas en las que tomaban el té o bailaban alegremente en un salón de la alta aristocracia. De repente, la enfermedad lo sacudió, fue internado y, desde ese mismo instante, aquellos gatos sonrientes se fueron tornando cada vez más inquietantes.

Estas imágenes representan su paso por el psiquiátrico y la evolución de su enfermedad. Empieza por llenar el fondo de rocambolescas formas tras la mirada trastornada del animal que, con el paso del tiempo, termina engullido por ellas como Wain lo hizo por su enfermedad. Sin duda es un caso excepcional porque es de los pocos, o quizás el único, del que se conocen obras previas al diagnóstico de su trastorno.

Otro caso, por todos conocido, es el del famoso pintor Vincent van Gogh. Sufrió gran parte de su vida un trastorno maníaco-depresivo que le provocaba alucinaciones y una epilepsia psicomotora caracterizada por un estado de confusión y amnesia que lo apartó de la sociedad. Con la evolución de su bipolaridad, su capacidad creadora creció tanto que sus mejores obras las pintó durante la fase más aguda de la enfermedad. Como muchos otros, no llegó a vender ni un solo cuadro en vida pero era muy consciente de que, algún día, el mundo del arte lo reconocería. Su última obra Campo de trigo con cuervos es como una nota de suicidio. Aprovecho para recomendaros, si no lo habéis leído ya, Cartas a Théo donde se entrevé su enfermedad y el abandono que sufrió.

Finalmente, un caso en particular que me ha llamado la atención. Josef Förster fue un enfermo mental que vivió encerrado en un centro psiquiátrico de Ratisbona y que, muy contrariamente al resto de ejemplos que tenemos, pintó una sola obra. Pero esa pieza es tan significativa que se escogió como emblema de la colección Prinzhorn, la mayor colección de art brut del mundo.

Representa un hombre subido a unos grandes zancos, con el rostro cubierto. Es la pérdida de la comunicación con el mundo debido a su enfermedad. Así lo explicaba él mismo en el margen derecho de la obra:

Esto debe representar que, cuando uno no tiene ningún peso corporal que tenga que cargar, puede ir, entonces, a gran velocidad por el aire.

¿Cuántas veces nos habremos referido a un artista contemporáneo como “un genio loco”? Pues ya veis que, en muchas ocasiones, esa locura real se convierte en el arte mismo.

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One thought on “El arte de la locura

  1. Pinturas de Café sobre tela Dekell, inspirada en la Bailarina cubana Alicia Alonso Rafael Sánchez Ruiz ” El pintor del Café” Conocido actualmente en Cuba como “El Pintor del Café”, Rafael Sánchez Ruiz ha desarrollado una técnica muy singular a la hora de plasmar en sus lienzos y cartulinas sus creaciones, utilizando solamente el café como pigmento. Su colección muestra una amplia gama de obras: pinturas, cerámicas y grabados sobre cartulina y tela, destacándose por su exclusividad las Pinturas de Café sobre tela Dekell, con sus marcos creados por el propio artista, con masa de pan sobre madera, patinados con café dejando sentir su exquisito aroma, lo cual recuerda el estilo barroco, dando así un toque de originalidad y antigüedad. Asimismo, se destacan las piezas de cerámica patinadas con café, entre las más importantes se encuentran “Las Máscaras de Abanicos” y los “Bustos Decorativos”, donde convergen diversos materiales procedentes del mar y de la tierra. su obra está expuesta en la galería personal del pintor sita en Orely 519. Habana vieja cuba.

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